jueves, 25 de febrero de 2016

Ocoa no es un pueblo de traidores


Ocoa ha demostrado sobradamente sus condiciones de pueblo honorable, de principios, de respeto y de apego a unos valores morales incuestionables, como pueblo. Esto no es limitante a que algunos de sus hijos hayan desviado el camino y obrado contrario a las enseñanzas recibidas.

Ocoa no es un pueblo de traidores. Desde su fundación como conglomerado, Ocoa ha apostado al trabajo y a la solidaridad, (Las tumbas conuqueras, los postreros, los convites, los velatorios de la agonía, el plato de comida sobre la palizada, el compadre como extensión del padre, el maestro como segundo padre,  el respeto a los mayores y un largo etc.)

Ocoa no es un pueblo de traidores. Por el contrario, ha sido cuna de las ansias de libertad de la nación entera. Cuando la patria ha estado en peligro, Ocoa ha dicho presente. Defendimos la patria en el Memiso, lo hicimos en las guerras intestinas, parimos a Severo Cabral, a Manfredo Casado del Villar, a Papi Tejeda y a Loro Casado. Fuimos albergue y morada para Luis José Quinn Cassidy, para el Coronel de Abril. Le dimos al país un Roberto Santana y en nuestras calles camina la dignidad política de la mano de Placido Alcántara. Ocoa no es un pueblo de traidores.


No es antitético, ni inmoral, ni cuestionable dejar una parcela política en beneficio de otra, cuando se entiende, aun equivocados, que los mejores intereses de nuestra provincia no están bien representados donde estamos. Es una obligación moral y patriótica oponerse a todo lo que se considera afecta el futuro de todos. Lo que sí es cuestionable e inmoral, es saltar de parcela en parcela o desde su propia parcela ser obstáculo a los intereses de la misma o del conglomerado, guiados por un fin personal o pecuniario. Ocoa no es un pueblo de traidores.

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