domingo, 11 de julio de 2010

MENSAJE DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO DOMINICANO

CORTESIA OFICINA PRENSA CED


NOTA DE PRENSA


Nosotros, Obispos católicos de la República Dominicana, hemos estado reunidos en Santo Domingo, desde el 4 al 9 del presente mes de julio, en la Cuadragésima octava Asamblea Plenaria, de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Durante estos días hemos compartido nuevamente nuestras experiencias, nuestros proyectos, tratando de iluminar todo lo que concierne a la vida de nuestro pueblo. En ese espíritu hemos hecho también algo fundamental para nuestra vida: celebrar nuestra fe.

Hemos experimentado regocijo al constatar el crecimiento de nuestro pueblo: mayor claridad en la conciencia, más compromiso en las tareas solidarias, mayor profundidad en la fe en Cristo, y un gran empeño en la propia superación.

Pero junto con todo esto hemos vuelto a experimentar tristeza y honda preocupación ante la creciente escalada de violencia que vive nuestro país. ¿Cómo podríamos permanecer indiferentes ante la sangre derramada, o las múltiples y crecientes agresiones contra seres humanos, preferidos de Dios, por quienes Cristo derramó su propia sangre?.

Nos duele sobremanera ver que hasta adolescentes llegan a gozarse violentando la ley de Dios, derramando la sangre de sus prójimos.

Sí, hemos hablado tantas veces sobre esto. Con insistencia hemos querido tocar paternalmente el corazón de dominicanos y dominicanas, tratando de corregir y de prevenir estas cosas que ofenden a nuestro Señor y envilecen y arruinan nuestra condición humana.

Las Cartas, Mensajes y otros documentos de nuestra Conferencia del Episcopado Dominicano están llenos del llamado a la sensatez, para que enderecemos nuestros pasos en la dirección del amoroso Creador y Padre de todo lo que existe.

Baste, como muestra, lo que escribimos en el Mensaje titulado ¨ Desde la proximidad de nuestra gente¨. (Febrero de 2010): ¨La verdad es que la vida ha perdido entre nosotros su grandeza e inviolabilidad. Estremece el número creciente de personas muertas violentamente por ajustes de cuentas, por violencia de género, por problemas internos en el mundo de la droga, por imprudencias en las carreteras o avenidas y por la presencia entre nosotros de sicarios asalariados y hasta por suicidios¨.
Nuevamente exhortamos a hacer de este país un pueblo de gente que trabaja por la paz, a quienes el Señor llama ¨dichosos¨, felices, ¨porque ellos serán llamados hijos de Dios¨. (Mateo 5,9).

Dejemos de cultivar la violencia, incluida la verbal, para que no tenga que decirse de nosotros: ¨siembran vientos y cosechan tempestades¨. (Oseas 8,7).

Revisemos nuestra conducta personal e institucional y veamos si en verdad somos gente de paz o si, por el contrario somos sembradores de violencia.

Saludamos muy cordialmente a todos los agentes de pastoral de nuestras queridas Diócesis. Hemos reflexionado sobre la gran labor que realizan y hemos orado por el éxito de cada uno de ustedes, lo cual es también motivo de alegría para toda la Iglesia.

Que la Virgen Santísima, Reina de la Paz nos proteja y asista en la tarea de consolidar la paz entre nosotros.

Por el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Dominicano,




S. E. R. Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez
Presidente


S. E. R. Gregorio Nicanor Peña Rodríguez
Vicepresidente


S. E. R. Ramón Benito De la Rosa y Carpio
Miembro


S. E. R. José Dolores Grullón Estrella
Miembro


Rvdo. P. Francisco Antonio Jiménez Rosario
Secretario General

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